El bolso es, quizá, junto a los zapatos, el mejor y más determinante compañero de cualquier look, tanto es así que, en ocasiones, podemos dar un giro de 360º a nuestra imagen solo al cambiar nuestro bolso. Él es «El guardián de mis tesoros».

Me atrevería a decir que hay más tipos de bolsos que personas en el planeta, quizá por ello muchas veces nos cuesta elegir cuál llevarnos a casa. Y es que ¡son todos tan bonitos! que resulta casi inevitable no enamorarse de alguno de ellos —normalmente más de uno y de diez— y declararles nuestro amor eterno, o bueno, por lo menos hasta la próxima temporada.

Aunque, si hablamos de amor eterno, quien no se ha enamorado alguna vez de un Speedy de Louis Vuitton, de un Birkin de Hermès, de un Chanel 255, de un Lady Dior de Christian Dior, de un Antigona de Givenchy o de un Amazona de Loewe, esos bolsos que, más que complementos, son joyas dignas de la mismísima Reina de Inglaterra.

Y hablando de Inglaterra ¿sabías que cuando Lady Di se puso el bolso de Dior, éste dio la vuelta al mundo como Lady Dior y se ha mantenido con ese nombre hasta hoy? ¿O que el Amazona de Loewe creado en 1975, tras casi 40 años de dictadura, simbolizaba la nueva era en el país y que estaba pensado para las mujeres que comenzaban a disfrutar ese momento de mayor poder, independencia y relevancia social? ¿Y que, en 2005, el Chloé Paddington volvió a romper los cánones dentro del mundo del bolso y logró comercializar sus primeros 300 ejemplares en menos de 36 horas?

Bueno, que me enredo en estas curiosidades que me encantan y seguro que queréis saber cómo escoger… tachan tachan… ¡¡¡el bolso perfecto!!!

Lo sé, a mí también me pasa. Mis ojos me traicionan muchas veces y, cuando veo algún bolso tan bonito que parece llamarme por mi nombre, siento una necesidad irrefrenable de tenerlo, de poseerlo, y mando callar a mi “Angelito Shopper” del hombro derecho que me dice: Naroa, ese bolso es precioso pero no es para ti.

Ciertamente a veces nos resultan irresistibles pero, del mismo modo que tenemos en cuenta nuestras armonías, nuestra morfología, nuestro visagismo,… es decir, nuestras características personales a la hora de escoger una prenda, un corte de pelo o un maquillaje, debemos hacer lo mismo con los bolsos. Sí, lo sé, a veces es una crueldad pero te aseguro que el resultado será tan perfecto y cerrará tan bien todo el conjunto que no te importará ser infiel a ese amor a primera vista.

¿Y cómo escojo ese bolso tan ideal? Por ejemplo, si soy bajita y me dejo acompañar por un bolso grande y largo, el efecto visual me hará aún más pequeña. Si tengo buenas caderas y remato mi look con un bolso cruzado, estaré dando más amplitud a esa parte de mi cuerpo. Si tengo pecho y le acerco un clutch bajo la axila o un bolso de asa cortita, estaré creando aún más volumen.

Así que te animo a resistirte a la tentación y a tener en cuenta estos cuatro consejos a la hora de comprarte un bolso:

1. Piensa en qué ocasiones quieres utilizar el bolso: diariamente, para una fiesta, para una ocasión especial como una boda, para el trabajo,..
2. Ten cuenta tu armonía cromática y tu morfología.
3. Deberías tener al menos un bolso de color neutro (que combine con gran parte de tu armario) antes de elegir un color atrevido o que esté de moda.
4. El bolso debe ser muy cómodo para su uso, por lo que te recomiendo que pruebes a colgarlo, si es posible, en tus hombros, manos y/o antebrazos.

Y una última cosa, no dejes nunca la elección de tu bolso al azar. En muchos casos, puede marcar la diferencia. Ay, cómo me gusta el guardián de mis tesoros, cómo me enamora mi bolso.

 

Naroa González
Responsable del Departamento de Estilo y Directora de la Escuela de Stylers

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